Luis Cuesta

Ésta es la trayectoria que ha ido nutriendo mi mirada y mi práctica terapéutica.

Soy Terapeuta Gestalt, Trabajador Social y Mediador Familiar inscrito en el Registro de Mediadores del Ministerio de Justicia, especializado en el ámbito de la pareja, la adopción y los entornos familiares diversos.

Soy miembro en activo del servicio de apoyo emocional Entrenosaltres en el Colegio Oficial de Trabajo Social de Valencia, y combino la práctica clínica con la docencia universitaria en el Grado Trabajo Social, Derecho y Criminología de la UNED y de Formación Profesional en la Familia profesional de Servicios Socioculturales y a la Comunidad.

Desde hace más de dos décadas, mi labor se ha centrado en el acompañamiento a personas, parejas y familias en procesos de cambio y resolución de conflictos. Mi práctica se apoya en una sólida formación de base que une la Licenciatura en Derecho (especialidad en Derecho de Familia) y el Trabajo Social con la Terapia Gestalt, permitiéndome abordar el sufrimiento humano no como un hecho aislado, sino integrado en su contexto legal, relacional y social.

A esta mirada holística sumo una formación especializada y permanentemente actualizada en la gestión del trauma, la prevención de conductas autolesivas, el duelo y la resolución de crisis de alta conflictividad familiar a través de la Coordinación Parental y la Comunicación No Violenta. Asimismo, mantengo un firme compromiso ético y de calidad con mi profesión a través de la supervisión clínica continua de mi práctica terapéutica.

Entiendo la mediación no como una simple negociación de condiciones, sino como un proceso gestáltico de autoconocimiento y toma de conciencia. En el espacio de conflicto, acompaño a las partes a mirar más allá de las exigencias superficiales para que cada uno pueda reconocer sus verdaderas necesidades y hacerse responsable de sus propias emociones. Solo cuando nos comprendemos a nosotros mismos y legitimamos la realidad del otro en el "aquí y ahora", el conflicto deja de ser una batalla para convertirse en una oportunidad de madurez. Desde este darse cuenta, los acuerdos finales no se imponen de forma rígida, sino que emergen de manera orgánica, consciente y verdaderamente sostenibles en el tiempo.